| HASTA SIEMPRE OVIDIO |
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Que injusta es la vida a veces. Todos lo podemos pensar cuando un
amigo nos deja, independientemente por el motivo que fuese, pero a
Ovidio la vida no le dio una segunda oportunidad. Conocemos a mucha
gente que le ha dado un paro cardiaco o infarto con cincuenta o más años,
han podido reponerse y con ciertos cuidados, han seguido adelante
durante muchos años. Por eso que al “Flequi” con 34 años no se le
haya dado una prorroga, es lo que todos sus amigos llevamos peor. Murió
haciendo lo que más le gustaba, estar cerca de los coches de competición,
ya que una vez retirado de la competición activa, no se perdía una
prueba, no solo de Asturias, sino de cualquier punto de España, a donde
infatigable, se dirigía. Pero el pasado sábado 24 de Abril, fue su
definitivo control stop. Ya por la mañana, y antes de disputarse la
Subida a Lena, no se encontraba bien, aunque ni el mismo le dio más
importancia al tema, pero tras la primera manga, y una vez iniciaba el
descenso para cambiar de curva, caía fulminado al suelo. A pesar de la
eficaz intervención de los equipos médicos, y de su amigo el medico
de la Federación, Treguerres, nada se pudo hacer por reanimarle.
Trasladado al Hospital Alvarez Buylla de Mieres en la UVI Móvil,
tampoco se pudo hacer nada en ella, ingresando cadáver a la llegada al
hospital.
La inesperada noticia corría como la pólvora por nuestro
mundillo, llevando la profunda tristeza para todo aquel que le conocía,
porque ante todo Ovidio era una persona muy querida por todos, su carácter
abierto y divertido que le permitía encajar con todo el mundo. Un niño
grande, fanático de nuestro deporte, con un conocimiento y memoria
envidiables, cuya sabiduría no quedaba en las pruebas españolas, sino
que abarcaban todos los Campeonatos de Europa. Coleccionista, casi
fetichista, de cintas de vídeo, puedo deciros sin duda a equivocarme,
que es la mayor de Asturias, sino la de España, y de la que
personalmente, como otros amigos, saque mucho provecho gratuito, porque
nunca aceptaba compartir los gastos de ellas. Igualmente que cuando salías
con él, su generosidad sin límites no te permitía invitarle ni a la
servilleta, hasta se enfadaba si le querías invitar, y tenías que
hacerlo sin que se diese cuenta. Junto a él compartí infinitas horas
de cuneta, de hotel, de salidas nocturnas, de
charlas, en fin de una amistad que ya nunca volverá. Son tantas
anécdotas que os podría contar de él, en los más de diez años que
nos conocimos, que se podría hacer un libro. Cuando me veía apostado
en una cuneta, procuraba venir a mi lado, porque los sitios que más nos
gustaban, no eran las horquillas, sino los puntos rápidos y
complicados, donde de verdad ves a los pilotos que corren y los que no.
Para sacar sus propias conclusiones, no dudaba en pedirnos paso, y a los
mandos de su C-15, el mítico R-18 Familiar, o su Gran Cherokee, daba
unas pasadas para comprobar cual era el mejor sitio para ver la prueba.
De sus andanzas por los tramos, también
nos dejaba mil anécdotas, de sus apuros, de sus tiempazos, de cómo
sus rivales con mejores coches no le podían superar, y le decían que
estaba loco. Todo contado con el buen humor y bondad al que nos hicimos
adictos.
Cuando
una persona nos deja solo se saca lo bueno, pero en este caso es así,
nada malo se puede decir de Ovidio, salvo que no se cuidaba mucho, pero
como tantos a los que veremos dando guerra durante mucho tiempo.
El
lunes 26 a las 5 de la tarde, se celebraba el funeral en Avilés, la
ciudad donde vivía. La iglesia de Sabugo, reunía a sus dos familias,
la carnal, y la Automovilística, en la que no faltaba casi nadie, a
pesar de no salir publicada la esquela, todos no fuimos enterando. Sus
mejores amigos, rivales deportivos, miembros de distintas escuderías, prensa, o simplemente aficionados
que en algún momento compartieron ratos con él, quisieron estar en su
despedida
El
destino que todos tenemos escrito, ya tenía previsto este renglón para
el bueno de Ovidio. Desde estas líneas queremos volver a dar el más
sentido de los pésames a su madre, que lo dio todo por él, a su
joven esposa Magdalena, a la que sus poco más de tres años de
matrimonio, le habrán sabido a muy poco, y a su pequeño hija de apenas
dos meses, que nunca podrá recordar nada de él.
De su trayectoria deportiva, lo más destacado, fue curiosamente
su corazón, piloto temperamental, pocas veces tenia la cabeza fría, lo
que le llevaba a no pocos incidentes, aunque eso sí de escasa
importancia, pues nunca se hizo mucho daño en los accidentes. Los
tiempos eran algo irrelevante, y su arrojo era siempre esperado por los
aficionados, pero aún así no era un piloto fácil de superar, y varias hazañas,
pueden contabilizarse en su curriculum. Tuvo varios copilotos, pero con
el que más tiempo corría fue con Manuel Losas, a los que unió algo
más que la relación durante los años 94, 95 y 96, en el que
ponía fin a su trayectoria deportiva. En 1.988, y con 19 años compraba su primer GT Turbo, coche por el que compartíamos autentica devoción, y con el que se inscribía en el Trofeo de Asturias. En este campeonato, los coches estaban de autentica serie, y con preparaciones muy escasas, en las que ni siquiera los baquect formaban parte de algunos coches. Participando por primera vez en la Subida a la Plata, la prueba de casa, seguía regularmente el Campeonato, lo que le permitía ser tercero en el Trofeo. Durante 1.989 pilotos como Metodio Ferradas, Félix Alvarez, Oscar Riesgo, Juan Cima, Arturo Medina, Villanueva, Modesto..., daban un nivel impresionante, protagonizando grandes carreras entre ellos. Tras un año muy disputado, finalmente El Flequi no podía ganar un Trofeo que se adjudicaba Metodio Ferradas y su afinadísimo AX GT. Se tuvo que conformar con el subcampeonato. En los tres años siguientes, y siempre con el mismo coche, pero mejorado, y dentro del Grupo N, disputaba el Campeonato de Asturias. Una de sus mejores actuaciones la tenía en 1.992 donde en el Rallye de Gijon, llegaba a rodar delante de todos los Clio 16 V de la Copa, incluidos Javier Azcona, Fuster, etc. pero en su afán de ganarles, terminaba saliéndose en el tramo de Valdebarcena, pues al no girar bien en el famoso cruce de Climent, salía como una exhalación para abajo, terminando fuera de la carretera poco después. Pero esa temporada no acabaron las desgracias, ya que cuando calentaba ruedas para tomar parte en la Subida a la Faya de 1.992, destrozaba su GT al chocar contra una furgoneta. Para no pasar la siguiente temporada en blanco, se metía a correr en el recuperado Campeonato de Autocross, con el 205 GTX que tenía de calle, pero al que “castigo” tras dejarle tirado un día en la Autopista. Frente a coches muy superiores por caballos y tracción, nadie pudo con el valor y buen hacer de Ovidio, adjudicándose el Campeonato en su División II. Sus rivales aquel año, fueron pilotos como Fonseca y Alfredo Ruiz, que no pudieron superarle a pesar de los poco más de 100 Cv. de su Peugeot 205. En 1.994 adquiría el GT Turbo de Barrenetxea, un coche muy superior al que había tenido, y que le daría muchas satisfacciones. Algunos de su resultados más destacados fueron :
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